"STAT ROSA PRISTINA NOMINE, NOMINA NUDA TENEMUS"

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El blog de Pelayo Castillo Palacios

miércoles, 9 de mayo de 2018

LA PESTE DEL XVII EN NIEBLA (IV) DE LO DIVINO Y LO HUMANO


La religiosidad estaba fuertemente implantada en el pensamiento del hombre del siglo XVII, de forma y manera que los designios divinos jugaban un papel predominante en las creencias populares y en el propio devenir cotidiano de sus propias vidas. Por lo tanto en esta crisis que supuso la epidemia de peste no sólo se tomaron medidas de aislamiento físico y prevención médica, también se necesitó de ayuda “celestial” para sobrellevar el terror al contagio.

Como muestra el Corpus; ni siquiera las limitaciones impuestas para las personas venidas desde fuera impidieron que el 13 de mayo de 1649 se nombrasen dos diputados entre los miembros del cabildo para que se acomoden dos dansas, la una de hombres y la otra de mujeres, para que bayan baylando delante del Santísimo Sacramento; estos danzarines se contrataban fuera de la villa, lo que ya suponía saltarse las limitaciones impuestas para los foráneos.

Tampoco las manifestaciones religiosas que implicaban aglomeraciones de vecinos fueron problema ante la posible intervención del patrón de Niebla, ya que en el mes siguiente  Acordose que para el domingo benidero, treze del co- / rriente, se haga la fiesta del bienabenturado San / Ubalabonso, patrono desta uilla, y se digan sus bís- / peras y misa y prosesión; y para ello se conbiden / a todos los clérigos presbíteros y se nombró por dipu- / tado para ello a el licenciado Francisco de la Calle Monsalue, / alcalde hordinario.

No sabemos hasta qué punto los santos patronos de Niebla intercedieron por sus protegidos, pero lo que sí es cierto es que la mortandad tuvo que ser muy pequeña ya que un año más tarde, el 17 de diciembre de 1650 se contrata a Francisco García, vecino de Moguer, y maestro de chirimías[1] para que enseñe a 3 uezinos desta uilla, de forma que puedan tocar en las tres fiestas principales que organiza el cabildo de Niebla, el Corpus, San Walabonso y Santo Domingo de Guzmán; toda esta circunstancia justificada por la reunión del cabildo en el que se trató y confirió que atento a que / la divina majestad de Dios Nuestro Señor fue serbido / de hazerle a esta uilla y sus bezinos tanto fabor de li- / brallos de contaxio de peste, dándoles colmada / salud, en fasimiento de gracias, tienen asentado de / traher a esta uilla a Francisco García… para el pago del referido maestro (mil reales cada uno de los dos años que se le contrata) se ordenó cargar 2 maravedíes en cada libra de carne que se vendiese en la villa.


La celebración de las correspondientes fiestas patronales las podemos comprobar tanto para las de Santo Domingo  para quien este cauildo se acordó que se haga la fiesta acostumbrada/ de Señor Santo Domingo y se compre un toro para garrochas y / con el se traygan otra media dozena de toros para que la / víspera de su día para que se regosije algo la gente y uezinos desta uilla. Un regocijo que no entenderíamos si la situación de la villa estuviese tan castigada por la peste como la propia Sevilla, cuando nos referimos a su enorme mortandad y que veremos más adelante.


            ALGUNOS EJEMPLOS MÁS TERRENALES

            Como final (siempre temporal como defendemos en nuestra búsqueda de información) veremos una serie de casos concretos que nos han llamado especialmente la atención por motivos de diversa índole.

            Ya publicamos en febrero el artículo titulado UNA MUERTE EXTRAÑA EN LAVAPIÉS, que nos sirvió para abrir esta serie dedicada a la peste.

            El 1 de junio de 1649 el licenciado Alonso Baca / a benido de la siudad de Seuilla donde de presente ay mal / de peste de que mueren cada día quatrosientas personas, es un testimonio directo de la alta mortandad que sufrió la capital andaluza; Alonso Baca traía consigo dos mujeres, parientas suyas a las que se les prohíbe acercarse a Niebla ni dos leguas a el rededor de ella con apersibimiento que /  se procederá contra dichas mugueres a expelerlas biolenta- / mente de término desta uilla.

            Otro testimonio de la inflexibilidad del cabildo lo vemos con un criado de el licenciado Bartolomé Gomes Querido que, a algunos días que bino / de la siudad de Seuilla, y a bista de la justicia y diputa- / dos, quemó toda la ropa y calsado de su bestir y que / traya puesta, y se quedó en cueros y se labó con bina- / gre, y hizo otras prebenciones  de linpiesa, y se le mandó re- / tirar a el campo sin que entre en esta uilla, atento a lo referido. Y / bisto por dichos justicias y capitulares y diputados de / la guarda, se acordó que hasta el domingo que biene / se detenga el dicho criado y no entre en esta uilla y que / declarando el dotor Antonio Despinosa de sanidad / del dicho criado, se le de testimonio para que entre en / el dicho domingo venidero.


            Las supuestas propiedades antisépticas del vinagre también las podemos ver en un intercambio comercial que hace un vecino de Niebla, Alonso Sánchez de los Olivos, quien vende 400 libras de tocino  a siertos hombres, uezinos de Alcalá, el cabildo nombra un diputado que marca el lugar de intercambio y la forma de hacerlo: y ellos en- / treguen el dinero; se eche una poca de lum-/ bre para que él se purifique y que sea plata // y luego lo entre en binagre tres días; y en esta / forma, se le da licensia y no de otra manera. /  Pensamos que el uso de la plata está justificado en el pensamiento de que es moneda poco corriente y, por tanto, menos expuesta a pasar de mano en mano y contagiarse.

            Al vinagre se le pueden añadir remedios casi exclusivos de Niebla, de forma que Juan Rodrigues, uezino desta uilla a / treze días que está en el campo a el sol y ayre con que / ya se a purgado bastante que, bañándose en / el río y después labarse con binagre, y que- / mándose la ropa toda de su bestir que a tenido y / tiene puesta, y poniéndose un vestido conosido, / se le da licensia para que entre en esta uilla.

            Quizás el más llamativo, no sólo por ser el que más se trató en los cabildos sino por la persona que se vio afectada es el referente a don Fernando de Salazar, el corregidor de la villa, o lo que es lo mismo, el representante del Rey para Niebla y la tierra de su jurisdicción, un alto cargo (probablemente el más alto) de la vida política local. Don Fernando de Salazar el 7 de mayo de 1649 llevaba 15 días en la ciudad de Sevilla, donde sus vezinos y los de Triana están padeciendo mal de peste y contaxio, llega a Niebla con su hijo y, conocedor de las restricciones locales pide permiso para poder entrar; se resolbió por el dicho cabildo y diputados que / atento a que todos los uezinos desta villa están / ympunando y contra, diziendo la entrada del dicho / licenciado don Fernando de Salazar para el riesgo que puede / benir de haber algún contaxio del que pa- / dece la dicha siudad y que puede ser de notable / daño a esta villa y sus bezinos la dicha entrada / por el peligro a que se expone y abentura / por el dicho contaxio que puede traer. Que por / agora se le deniegue la dicha entrada y que el suso- / dicho se retire por treinta días desta villa fasta que / otra cosa se resuelba  por el dicho cauildo y diputa- / dos y así lo acordaron de que doy fe. /
Y asimismo se acordó que se le escriba a su excelencia de la / caussa que este cauildo tubo para no dexar en- / trar en esta villa al dicho corregidor. /
            Conocedores de la importancia del personaje y para evitar problemas con la corona, se le comunica al Duque de Medinasidonia, señor de la villa.

            El corregidor se retira a la ermita de Nuestra Señora del Pino, pero no espera los 30 días preceptivos, cuando lleva 11 vuelve a solicitar permiso para entrar en Niebla, pero nuevamente se le deniega argumentando que durante su estancia en la ermita le han enviado ropa desde Bollullos, en ese momento afectada por la peste, y también ha recibido a dos mozos que venían desde Cádiz, igualmente apestada.
            Ante la insistencia del corregidor, a los 22 días de alejamiento, el cabildo nombra una comisión formada por la cleresía desta uilla / y el prior del combento  y a otro compañero suyo y a o- / tras personas principales y a el dotor de medisina / para que, con acuerdo y parecer de todos, se tome resolu- / cion en la pretençion del dicho corregidor. /
            Una vez visitado el corregidor las consecuencias fueron las siguientes:
su merced el licenciado Francisco de / la Calle Monsalue, alcalde hordinario desta villa, resibió juramento / en forma de derecho de el dotor Antonio Despinosa / Bocanegra, médico desta villa y de Diego Martín Montalban, siru- / jano, los quales auiéndolo firmado, prometieron de dezir / berdad y siéndoles preguntado desa y declaren el / estado de sanidad en que de presente está el licenciado don Fernando / de Salazar, corregidor desta uilla, y si puede entrar o no en / esta uilla sin que sea en daño y perjuizio de los demás uezinos de / ella. Dixeron que ellos an ydo en birtud de lo acordado / por el dicho cauildo, an ydo a la hermita de Nuestra Señora / del Pino, adonde an hallado al dicho corregidor y le an / mirado y tomado los pulsos, y por la dibina my- / sericordia de dios le an hallado bueno y sano y sin pe- / ligro y con buena complesion y robustisidad y no le a- / llan a lo que saben alcansan  cada uno en su siensia / de médico y sirugía, que tenga ocasión de enferme- / dad de contaxio ni otra ninguna, y esto es la ber- / dad, so cargo de su juramento y el dicho dotor es de sinquenta / años, poco más o menos, y el dicho Diego Martín Montalbán de / quarenta años, poco más o menos, y lo firmaron.
            Lo que supuso el permiso a Fernando de Salazar y su hijo para poder entrar en Niebla.
            Esperamos haber contribuido un poco más a conocer pasajes de nuestra historia iliplense. Seguiremos trabajando en este proyecto que tantos buenos momentos nos está dando.


Pelayo Castillo Palacios y Antonio Bonilla Giles


[1] La chirimía es un viento-madera parecido al oboe y de doble lengüeta, trabajada y labrada con nueve agujeros laterales, de los que únicamente seis están destinados a taparse por medio de los dedos. Las había agudas, altas y bajas. Es el antepasado directo del oboe, y muy similar a la dulzaina.

domingo, 8 de abril de 2018

LA PESTE DEL XVII EN NIEBLA (III) MEDIDAS EXTERNAS


Nos quedamos en la entrada anterior en una villa de Niebla que, al toque de queda de campana, hace que sus vecinos se introduzcan en la ciudad y que sus dos puertas habilitadas a tal efecto se cierren y guarden por los propios vecinos.

Veamos pues otra serie de medidas que se tomaron para evitar el contagio con vistas a los posibles forasteros que viniesen a refugiarse en la ciudad, a comerciar, de visita, etc.

En un principio se tuvo cierta permisividad para con los foráneos, de hecho éstos podían entrar en Niebla siempre y cuando no entren mas / que los que traxeren testimonio autentico y se ha- / gan las prevenciones necesarias en horden a la guarda / desta villa y vecinos della  (cabildo de 21 de abril de 1649). Poco después el 30 del mismo abril, sabemos que se / ban reforsando las nuebas de que ay muchos lugares a- / pestados en contorno de Seuilla, de forma y manera que el diputado que / le tocare cada semana, el qual cuyde que no entre gente / por ella que no sea de toda satisfaçion y que se entienda / bien ende lugares sanos.

No sólo se evita que las personas de fuera entren, también se limitan los contactos de los iliplenses que, por motivos de trabajo, lo hacían normalmente; es el caso de los molineros. Aún nos quedan restos de estos molinos de ribera en ambas orillas del río Tinto en las proximidades de la villa; en ellos se hacía principalmente la molienda de cereales para elaboración del pan; también nos consta por empadronamientos posteriores la existencia de varios molineros entre los vecinos. Intuimos por documentos anteriores a los que tratamos en estos artículos que los molineros trabajaban tanto de día como de noche, pero el 18 de mayo de 1649, el cabildo ordena que las llaves de los molinos se las entreguen a la hora de cerrar la villa al alcalde ordinario Alonso Coronel, quien las tenga en guarda y cus- / todia de noche y que, en siendo de día, se las entregue / para que bayan a moler a sus molinos, y que luego, a la / noche, se las buelban a entregar. Quizás el cabildo no viese cumplidas sus órdenes fielmente, y necesitó supervisión directa, puesto que el día 28 de mayo ordena que por semanas baya un di- / putado asistir a los molineros de pan moler desta villa para / que bea y cuyde de lo que no se muela en ellos a bezinos y luga- / res que padecen mal de peste y contaxio y para que de / sedulas y despachos a personas que binieren a mo- / ler a los molinos, para que los molineros les muelan / y que se les notifiquen que no muelan sino a los que / llebaren dichos despachos, pena de dos mil maravedíes y ver- / guensa pública, los quales diputados bayan por su antigue- / dad.
Un año después, el 10 de mayo de 1650, acordose que atento a que mucha gente de la dicha uilla de / Almonte biene a moler a los molinos del término de / esta uilla, de que puede resultar asimesmo mucho daño / a los desta uilla, baya don Fernando Ramires Destrada, alguacil mayor, / y notifique a los molineros de los dichos molinos, no / muelan a ninguna persona de la dicha uilla de Almonte, pena //   (581rº) de dosientos asotes y de dies mil maravedíes para la / cámara de su excelencia y gastos y para la custodia / y guarda desta uilla y para que mexor benga / a noticia a todos y se guarden, se pregone / en la plasa pública desta uilla. /

Molino de rivera junto a Niebla

Este verano de 1650 también tuvo que ser virulento puesto que no sólo se prohibió la entrada o acercamiento foráneo, también los jornaleros iliplenses vieron limitadas sus actividades, por tanto asimesmo se acordó que se pregone que / ningún bezino desta uilla salga della a segar ny / cabar, atento a que muchos lugares sircum- / bezinos están apestados y se pueden entrar en / ellos sin saberlo las justicias desta uilla, por- / que duermen en los campos y se están lo más de / los días de la semana trabaxando sin benir / a esta billa y no lo quebranten, pena de que / no se les dexará entrar en esta uilla hasta que / sean pasados sinquenta días, y serán conde- / nados en otras penas pecunarias a disposición / de la justicia; llama la atención una de las principales medidas que se toman en los lugares apestados, las personas huyen a los campos, alejándose de los núcleos urbanos, como vimos en la entrada que dedicamos a “la misteriosa muerte en Lavapiés”.

La imposibilidad de trabajar los campos obligó también al cabildo a prohibir que se sacase trigo de la villa, toda vez que el que se dispone es para conserbasion de la salud. Tenemos constancia igualmente de la escasez de aceite en Niebla, el cual se tiene que ir a comprar a localidades vecinas, donde intentan tomar medidas parecidas a las de Niebla y por tanto dificultan y encarecen este básico y necesario producto.

Probablemente Niebla entró en una situación de autoabastecimiento ya que en 1650 encontramos una nueva prohibición que se suma a las anteriores, acordose que ninguna persona benda gally- / nas a persona de fuera desta uilla ni se consientan / gallineros, que las saquen, so la dicha pena. /

Otro colectivo que se ve influenciado por el contagio es el de los pastores. Niebla, como cabeza del condado mantiene una comunidad de pastos con localidades vecinas en los propios y baldíos de las tierras ducales; pero el cabildo iliplense manda que se escriba a Villarrasa, Beas, Valverde y Trigueros para que los pastores no pasen con sus ganados de sus limitaciones que son: / los de Villarrasa del arroyo del Arsobispo acá; a los de Bal- /berde del enzinal acá y a los de Veas y Trigueros de Can- /dón acá. Por quanto se deben guardar porque así es cons- / tumbre y mayormente ay por los ynconbenientes / que puede aber de contaxio y peste y que en esta uilla no se conosen los pastores de las dichas billas y lugares.

            Hasta las relaciones comerciales son controladas por el cabildo, no deja de ser llamativa la forma en que se le permite a un vecino importante de la villa, Alonso Sánchez de los Olivos vender cuatrocientas libras de tocino a ciertos vecinos de Alcalá; la venta es supervisada por el alguacil mayor de Niebla, Fernando Ramírez Destrada y se hace de forma que entregue el dicho / Alonso Sanches de los Olibos el dicho tosino, poniéndolo en / la parte que se le señalare y de allí los harrieros y / personas que lo compraren, lo lleben, y ellos en- / treguen el dinero; se eche una poca de lum-/ bre para que él se purifique y que sea plata // (490rº) y luego lo entre en binagre tres días; y en esta / forma, se le da licensia y no de otra manera. /

            No tenemos claro el ámbito en el que se mueve otro colectivo al que se le prohíbe la entrada, los traxinadores; cualquiera de las dos acepciones de trajinar nos parece válida para esta situación, bien el hecho de transportar y vender mercancías, bien el de moverse de un lugar a otro en busca de trabajo; sea de la forma que sea tenían prohibida la entrada en Niebla.

En julio se ordena que todos aquellos que lleven sus yeguas a pastar a la dehesa boyal lleuen testimonio de salud.

            En febrero de 1651 se toman medidas especiales con respecto a la vecina San Juan del Puerto, tanto es así que la orden de reforzar las guardas vienen directamente de Sevilla:
En este cauildo se acordó que por quanto su merced el licenciado / don Antonio de Urrutia y Aguirre, cauallero de la horden de Calatraba, / del cauildo de Su Magestad y alcalde de corte en la real audiencia de Seuilla, / dexó hordenado de que se pusiesen guardas de a cauallo / que guardasen el término desta uilla para que los uezinos de ella ni / otros de fuera aparte, tratasen ni comunicasen con los uezinos / de la uilla de San Juan del Puerto por quanto por mandado de / su merced el dicho señor alcalde, esta mandó serrar y está serrado el trato / y comunicación por mar y tierra de los dichos uezinos de la uilla / de San Juan del Puerto. Y en su cumplimiento se hizo una / lista y memoria para que por sus días y noche lo / guarden el dicho término desta dicha uilla y el de la dicha uilla de / San Juan del puerto. /
Mapa de Andalucía de 1636

Durante más de dos años se mantuvieron estas medidas de salud pública, lo que atestigua un acta fechada el 25 de julio de 1651:
En este cauildo se acordó que atento a que no sesa el mal del con-/ taxio de la siudad de Moguer y billa de Aljaraque, / y que se an abierto algunos pasillos de lo que estaba / sitiado en el contorno desta uilla, se vuelva a sercar y ta- / piar y se ponga cuydado y bixilancia en la guarda de los  / bezinos desta uilla, y para ello diputaron a Diego Alonso Coronel. /

lunes, 2 de abril de 2018

LA PESTE EN NIEBLA (II) MEDIDAS INTERNAS


Ya vimos cómo se tapiaban las puertas de acceso a la ciudad dejando tan sólo accesibles la de Sevilla y la del Buey, con sus guardas pertinentes.

A la vez que se cierran y guardan las puertas se manda tapiar el arrabal dejando tan sólo una puerta de acceso al Real, que su ponemos es la mencionada en los documentos como “dehesa Real”, en las cercanías de la población.

Para hacer efectivo el cierre de las puertas, el 30 de abril en cabildo se acordó que por quanto cada día se / ban reforsando las nuebas de que ay muchos lugares a- / pestados en contorno de Seuilla, por lo qual se hazen mu- / chas prebenciones en los lugares sircumbezinos para / guardarse de ello y para que esta villa tenga la guarda y / custodia nesesaria, que se saquen dos puertas biejas / que están caydas en el patio del castillo desta villa y que se / aderecen de lo nesesario para que puedan serbir y se pongan / en la puerta del Buey para que de noche se sierren /  con su candado y que las llabes de dicha puerta y la de Sevilla / se le entreguen cada noche enserrandolas a el diputado que / le tocare cada semana, el qual cuyde que no entre gente / por ella que no sea de toda satisfaçion y que se entienda / bien ende lugares sanos. /

En un pequeño paréntesis podemos observar cómo el alcázar ha perdido su papel predominante de residencia del poder señorial, se utiliza como suministrador de materiales de derribo, en este caso unas puertas viejas que están caídas, lo que concuerda con el informe que en 1615 realizan dos maestros de obras mandados por el duque sobre el estado de abandono del mismo y que se acelerará de forma definitiva un siglo más tarde con el terremoto de Lisboa de 1755.

A estas alturas del año 1649 la epidemia ya había llegado a Ayamonte y muchos lugares sircumbezinos de la siudad de Seuilla que llegan del mar, con lo que las medidas de prevención incluyen que sólo puedan entrar los vecinos de la villa y respecto a los de fuera que no entren mas / que los que traxeren testimonio autentico y se ha- / gan las prevenciones necesarias en horden a la guarda / desta villa y vecinos della. Con respecto a las consecuencias de contravenir las órdenes el cabildo comunica que:

Asimesmo que se eche bando por boz de pregonero / en esta villa para que ninguna persona estante ni abitante / ni de fuera aparte tenga osadía a entrar en esta villa / por sima de lo sercado, pena de berguensa pública y de dos / años de mamora(sic) y que yncurran en la mesma pena / los que lo bieren y no lo manifestaren a la justicia /

            Todavía podemos observar en las puertas de nuestra ciudad las posibles piedras quicialeras que servían de alojamiento para los extremos de los quicios de los batientes de las puertas. No se conserva casi ninguna de las inferiores, debido a modificaciones en el suelo de las distintas puertas, pero las piedras superiores, también denominadas gorroneras, siguen visibles en casi todas ellas.

piedras gorroneras de la puerta del Buey (vieja)

            Vista la reutilización de puertas viejas del castillo, éstas no debían ser suficientes para evitar la entrada ya que el 21 de marzo de 1650 acordose que para la mejor guarda desta uilla / atento a que la puerta del Buey se puede en- / trar en ella por sima de la puerta, que se bus- / quen unas tablas para que se tapen con ellas / las partes por donde se puede entrar


            Mención especial merecen el arrabal, tanto el viejo como el nuevo, ya que sus habitantes fueron más reacios a dejar sus posesiones para introducirse dentro del recinto amurallado.

            El día 1 de mayo el cabildo acuerda que:
…se pregone públicamente / por ante la justicia y escribano que de ello de fe / en el arrabal nuebo y viejo desta villa, que todos los / bezinos de ella dentro de tres días se entren con sus co- /sas y familias dentro de la cerca desta villa a / vivir y abitar, atento a la noticia que se tiene / que en los lugares muy sircumbezinos deste ar- / sobispado ay peste y males contaxiosos / por causa y razón de que por los arrabales se / puede con mucha facilidad entrar en ellos y re- / sultar en mucho daño y perjuizio desta villa y / vezinos de ella y para que sesen semejantes da- / ños se haga y publique el dicho pregón para // (478rº) que nadie lo inore se publica hoy, dicho día / y mañana, dos del corriente mes; y el que no lo / hiziere, la justicia a su costa le apremiará a/ ello, siendo pasado el término además que queda / otras penas a el adbitrio de la justicia, y que les se- / ñalara casas a cada uno en que abite conforme / su familia. /
            Llegado el día 3 de mayo, los vecinos del arrabal solicitan al cabildo poder permanecer en sus casas, toda vez que se han cercado y tapiado las salidas al campo, tal y como ordenó el propio cabildo, pero la petición es denegada y se nombra una comisión formada por un vezino del arrabal y otro de la / billa, con asistencia de un diputado, luego que los / uezinos del arrabal se ayan recoxido a esta villa, / todas las noches asistan en la dicha arrabal, guar- / dando hasta el día los muebles y trastes que los / dichos uezinos dexaren en las dichas sus casas, de modo que / no se lo gurten ni entren personas por las sercas que / tienen echas. Y esta asistensia  a de ser desde prima / noche hasta el día, procurando con toda diligencia / lo referido. /

situación del arrabal en 1810, coincidente con la actual y suponemos que en el XVII

Dada su situación extramuros, el arrabal es una zona en continuo conflicto, entendemos que sus vecinos fueron descuidando voluntaria o involuntariamente las obligaciones impuestas por el cabildo de la villa, tanto es así que en marzo de 1650 obligan a Martín Esteuan y Manuel Gonçales, representantes de los vecinos del arrabal, a sobrebordar paredes y tapias, cerrar portillos y servidumbres a piedra y lodo, y todo ello a su propia costa, teniendo en cuenta que los gastos del primer tapiado corrieron por parte del cabildo en 1649, entendemos e interpretamos que las autoridades vieron cierta intencionalidad y dolo en la dejadez o reapertura del arrabal, por lo que les obligan a repararlos de su propio dinero, incluso les obliga a pagar 20 ducados para la guarda y custodia de la villa.

La única puerta que se deja comunicando el arrabal con el Real, suponemos que el camino que llevaba a Valverde y Beas, se cierra a la vez que las de la villa, las puertas de Sevilla y del Buey; siempre al toque de campana que anunciaba la noche y, por tanto la prohibición de entrar o salir de la villa.

Pelayo Castillo Palacios
Antonio Bonilla Giles

martes, 27 de marzo de 2018

LA PESTE DEL XVII EN NIEBLA (I), LOS ANTECEDENTES


La peste comenzó a aparecer en nuestras transcipciones y, rápidamente, se convirtió en objetivo de nuestro blog, de hecho la última publicación sobre una muerte en Lavapiés suscitó mucho interés visto el gran número de visitas. Lo que no esperábamos es que la documentación escrita se pudiese alargar tanto como para necesitar más de un artículo, dadas las características especiales de la Niebla del siglo XVII. Así pues, estructuraremos los años 1646 a 1652 en varias entregas que comenzamos con ésta.

ANTECEDENTES.

De origen africano, los focos iniciales de peste probablemente fueron puertos andaluces, pero en 1647 tuvo su incidencia más destacada en la costa valenciana, desde donde irradió con fuerza hasta el resto de España, incidió en Murcia, durante el año 1648 pasó a Almería y Málaga, cebándose en el resto de Andalucía con especial virulencia en el año 1649.

Evolución de la peste según Espasa


Pongamos como referente más importante la ciudad de Sevilla, en aquel entonces la segunda más poblada del Imperio Español, después de Nápoles, con unos 150.000 habitantes. La primavera de 1649 fue especialmente lluviosa, lo que produjo grandes inundaciones que arruinaron extensas superficies agrícolas y produjeron una gran mortandad de animales que quedaron al descubierto con las bajadas de las aguas, la carestía de alimentos (sumemos la reciente crisis económica derivada de la Guerra de Portugal y Cataluña) y las pocas condiciones higiénicas de una ciudad donde se hacinaban miles de personas hicieron de Sevilla el caldo de cultivo perfecto para una enfermedad altamente contagiosa. Según Ortiz de Zúñiga murieron unas 60.000 personas en Sevilla durante la epidemia, lo que supuso el mayor golpe en la historia de la ciudad, de hecho ya nunca recuperaría su papel predominante en la España Moderna.

La multitud delante del Hospital de la Sangre. Obra situada en el Hospital del Pozo Santo, Sevilla



La peste ha sido una de las pandemias que ha causado más muertes a lo largo de la Historia. Desde un punto de vista estrictamente médico, la peste es una enfermedad infecciosa causada por la bacteria Yersinia pestis, bautizada así a partir de 1967 en honor a su descubridor, Alexander Yersin, un bacteriólogo franco-suizo del Instituto Pasteur de París. Las pulgas de las ratas infectadas son sus transmisoras, afectando a otros animales o al hombre con su picadura; aunque estudios recientes señalan al propio hombre como propagador de la enfermedad, concretamente a sus pulgas y piojos. Durante el desarrollo de la enfermedad el contagiado se encuentra débil, con marcha vacilante y habla balbuciente, para después sufrir fuertes dolores de cabeza, fiebre muy alta, escalofríos, vómitos y diarreas. Existen varios tipos de peste, según su sintomatología fundamentalmente, en el caso de la peste bubónica (la que nos ocupa), aparecen inflamaciones de varios centímetros de diámetro que se localizan en las ingles, las axilas o en el cuello, y que en ocasiones pueden supurar. La palpación de los bubones produce un dolor muy intenso y por debajo de la piel se nota una masa firme y dura. Tras una lenta agonía de varios días, el paciente muere después de un deterioro progresivo y generalizado de su estado.

De esta forma nos encontramos ante una enfermedad que sigue provocando temor en el imaginario de todas las sociedades, la actual incluida. Peste es sinónimo de muerte y desolación allá por donde pasa.

Enfermos con bubas, siglo XIV

PRIMERAS NOTICIAS

El 11 de enero de 1649 en el acta de cabildo correspondiente se lee:
Dixeron que esta villa a tenido noticia que en la siudad / de Sanlúcar ay peste y que la de Seuilla y otras par- / tes se guardan de ella y para con serteza se sepa la / berdad y se ponga en esta villa la custodia y guarda / necesaria, se cometa a persona de toda confiansa / baya a la dicha siudad de Seuilla y se ynforme / de lo que en esto pasa.

En cierto modo corrobora la teoría del origen portuario de la epidemia, puesto que ya en Sanlúcar de Barrameda, lugar del señor de Medinasidonia, queda constatada la enfermedad, mientras que en Sevilla se preparan para evitarla, aunque con poco éxito, como veremos.

Es Pedro Alonso Coronel, presbítero de Niebla, que se encuentra en Sevilla en esos momentos quien informa al cabildo de las medidas que se están tomando en la gran urbe andaluza; los temores debían ser ya grandes puesto que el propio cabildo el día 21 del mismo mes de enero, es decir, 10 días después de haber tenido noticias de peste, ordena que se tapien las puertas del Agua y la del Buey y que se serquen de tapias el arrabal biejo y / nuebo, dexando la calle que sale a el Real, abierta.

Estas medidas iniciales transcienden a toda la población de Niebla, no sólo en lo tocante al peligro intrínseco de la propia enfermedad, sino en la implicación de los vecinos en la protección de sus hogares ante el contagio; tanto es así que el cabildo nombra dos diputados, Diego Alonso coronel y Cristóbal Albites de Montoya para que  ha- / gan una memoria calle asista de las personas que bayan de / en dos en dos bezinos, por su horden, guardando a cada una / de las dos puertas de Sebilla y Buey. Es decir, son los propios iliplenses los encargados de proteger sus puertas y hogares. Intuimos que la puerta del Agua quedaría tapiada, aunque nos llama la atención que la del Buey había sido mandada tapiar y sin embargo se nombran dos guardas, quizás se refieran a las dos puertas que actualmente tenemos con el referido nombre del Buey, mientras una se tapiaba, la otra quedaba guardada, pero debemos reconocer que hasta el momento no hemos encontrado referencia a dos puertas y siempre se la ha nombrado en singular.

La guarda de puertas comienza el 2 de febrero de 1649; tan sólo un mes más tarde, el 3 de abril, ya tenemos noticias cercanas del contagio de forma que el cabildo acordó que se pongan toda cus- / todia y guarda en las puertas y entradas de be- / zinos de fuera aparte que binieren a esta villa a- / tento a que en muchos lugares sus cumbezinos se / dize se muere mucha jente. /

Con una Niebla ya rodeada de peste cerramos los antecedentes y este artículo, para continuar con todo el proceso en los siguientes.

Pelayo Castillo Palacios y Antonio Bonilla Giles

jueves, 8 de febrero de 2018

UNA MUERTE EXTRAÑA EN LAVAPIÉS


Llevamos un tiempo trabajando con documentación del siglo XVII acerca de la epidemia de peste que asoló gran parte de Andalucía occidental, pero, como felizmente ocurre en esta afición, a veces nos encontramos con pequeños documentos que son más que curiosos. Es el caso que hoy nos ocupa, y que como siempre queremos compartir con todos aquellos que se interesan por nuestra historia local.

En las actas capitulares correspondientes al año 1651 nos encontramos un cabildo donde se dirime una información recibida acerca de la epidemia de peste que, desde 1649 afecta a gran parte de España y a Niebla en el particular caso que estudiamos. En concreto es la reunión de cabildo correspondiente al día 14 de febrero de 1651.

Junto al arroyo de Lavapiés y a la  antigua ermita de la Virgen del Pino se encontraba viviendo con su familia, sirvientes incluidos, Pedro Balenciano Caballero, vecino de San Juan del Puerto; probablemente se había retirado al campo debido a la fuerte afección de  mal de contaxio o de peste que sufría la ciudad vecina de Niebla, tal y como se recoge también en nuestras actas capitulares. El mencionado Pedro Balenciano ya había sido avisado de que se tenía que retirar a San Juan, dentro de las medidas higiénicas que se habían tomado para Niebla y su término. Este vecino de San Juan debía ser persona importante puesto que se podía permitir irse a vivir fuera de su ciudad atendido de sus propios sirvientes, incluso intuimos que inicialmente hizo caso omiso de las directrices del cabildo iliplense, porque es Antonio de Urrutia, consejero de su majestad y alcalde de corte en Sevilla quien tiene que conminar a esta familia a volverse a su ciudad.



El problema no sólo radicaba en la supuesta negativa a marcharse, sino que el propio cabildo de Niebla tenía noticia de que se le auía muerto una criada de las que auía traydo a la dicha hermita del mal de contaxio. El temor a un posible contagio en el término de Niebla hace que sean un regidor y uno de los alcaldes ordinarios del cabildo de la villa quienes se personen en la ermita para informarse acerca de los hechos.

Intuimos que la familia Balenciano no informaría de nada, puesto que el acta recoge que es dando una vuelta por los alrededores cuando descubren tierra mobedisa como que se auía abierto un foso / para enterrar alguna persona. Tras el descubrimiento los ediles iliplenses interrogan a Pedro Balenciano quien reconoce que vino a la ermita con su familia y dos criados mulatos, un hombre y una mujer y que la tumba correspondía a una moza, criada suya también.

Sobre las circunstancias de la muerte sólo tenemos la versión que dio el cabeza de familia:
era berdad que asimismo auía traydo otra moza, criada suya, que era dicha la qual padecía mal de corasón y de gota coral[1], y que estando a el pie de uno de los álamos de los que están a el margen del arroyo que dizen de Labapies, que se serca de la dicha hermita; le auía dado el dicho mal de corasón y se auía caydo a el arroyo.

También Pedro Balenciano reconoció la compañía de dos vecinos de Niebla durante su estancia en la ermita, Bartolomé Hernández (el barbero de la villa) y su mujer. 

Parece que las explicaciones no fueron del todo convincentes ya que también se mandó notificar al referido Bartolomé Hernández que no podía  entrar en Niebla ny comunique a ningún bezino della, pena de quatro años de destierro. Incluso se manda al alguacil de Niebla para que, en un día, saquen toda la ropa de su casa y abandonen Niebla; normalmente se quemaba toda esta ropa.

Es un episodio de nuestra historia iliplense que da muestras de unas circunstancias muy estrictas en cuanto a la prevención sanitaria que se tomaron en la Niebla de 1649 a 1652. Estamos estudiando todas estas actas capitulares y las daremos a conocer en no mucho tiempo.

Sirva el presente artículo como adelanto de un pasado que, no por desconocido, deja de ser interesante.

Pelayo Castillo Palacios
Antonio Bonilla Giles



[1] Nombre que recibía la epilepsia

miércoles, 3 de enero de 2018

PEPE



Sin estridencias, sin ruidos, con la suavidad con la que hacía todas las cosas, en PAZ…

Hemos despedido a Pepe, o Sayago como le llamaban sus compañeros de trabajo y la mayoría de iliplenses.

En este mundo de hipercomunicación, en el que hay que estar en el candelero de una u otra forma todavía quedan personas que han pasado toda su vida haciendo el bien desde el más inmerecido anonimato; no, no son incongruencias gramaticales, porque Pepe está y seguirá estando entre los que tuvimos el inmenso placer de conocerlo y disfrutarlo.

Por mucho que lo intento no consigo entender una vida que compaginó en sus primeros años la ausencia paterna con un hambre cruel; que cuando más completa y feliz parece se empeña en golpearle con las dos ausencias más dolorosas que se puedan tener: su nieta mayor y su esposa. Una vida que, en un giro más de desafío le llenó de padecimientos, algunos de ellos verdaderamente dolorosos, sus últimos años de existencia. Ante todo este cúmulo de despropósitos: SU SONRISA.

No es ningún tópico, Pepe es un HOMBRE BUENO, allá donde quiera que se encuentre. Jamás una mala cara, nunca una mala acción, disponibilidad absoluta para todo el que lo necesitara, siempre la ayuda sin importar el destinatario, ningún sacrificio es mucho si lo hace para los demás.

El prójimo: su hermano; la familia: su pasión.

Evidentemente su Fe fue la principal arma contra tanta adversidad. No soy profundamente creyente, en especial en estos momentos de desasosiego, pero Pepe sí, absolutamente convencido del mensaje de Jesús, vivió una vida plenamente cristiana lo que, desde la más sana envidia, pienso que hizo más feliz su existencia y por pura generosidad las de los que le rodeamos; en una sociedad en la que los valores religiosos suelen estar a la baja, hay ejemplos de vida como el suyo; sinceramente no sé si existe un “cielo” para las personas buenas, pero sí personas buenas que merecen que lo haya y Pepe se ha ganado con creces el derecho de participar en él.

Dentro de este mar de sentimientos encontrados no he querido personalizar su compañía, tan sólo desde mi pequeño rincón de pensamientos dejar patente el recuerdo de tu paso por mi vida. Este blog lleva siendo mi extraño diario desde hace algunos años, por eso quiero reservar un rinconcito para quien desde su humildad me ha impresionado.

Por tantas y tantas cosas que me guardo en el corazón siempre te querré Pepe.


in memoriam

JOSÉ SAYAGO BERMEJO, un hombre bueno.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

EL HOSPITAL DE NUESTRA SEÑORA DE LOS ÁNGELES HACE 300 AÑOS

Seguiremos desgranando nuestra historia iliplense conforme nos vayan apareciendo noticias cuando menos curiosas.

En esta ocasión le toca a un edificio emblemático de nuestra localidad, el Hospital de Nuestra Señora de los Ángeles. Un edificio que ha pasado por múltiples usos a lo largo de los últimos años, la última centuria nos atreveríamos a decir. Pero que en este caso lo que nos motiva a realizar esta nueva entrada es una pequeña anotación en los libros de actas capitulares que nos dan algunas pistas que sumar cual granos de arena a la montaña de la Historia y el Patrimonio iliplense.



Vaya en primer lugar la transcripción del acta de cabildo del 1 de febrero de 1717, es decir, hace poquito más de 300 años:

En la villa de Niebla en primer día del mes de / febrero de mill setecientos y dies y siete años. Se juntaron a /  cabildo sus mercedes, el señor don Gonzalo Francisco de Torres y Men- / doza, abogado de los Reales Consejos, Corregidor y Justicia Mayor y Ca- / pitán de Guerra desta dicha villa, su condado y villa de Trigueros. / Don Francisco Domínguez, Alcalde Ordinario, don Francisco de Bides / Jurado, don Manuel de Arjona Muriel, don Juan Francisco / Pacheco y don Antonio Jurado, regidores, y estando juntos / acordaron lo siguiente:/



No todos los miembros del Cabildo tenían porqué asistir siempre, era necesaria la presencia de uno de los alcaldes ordinarios, un mínimo de los regidores y, dependiendo de los temas a tratar, era necesaria la presencia de cargos específicos, tales como tesorero, secretario, familiar del Santo Oficio, etc.

Quisiéramos igualmente hacer un inciso en la expresión…desta dicha villa, su condado… Evidentemente no habría nada más que añadir, pero Niebla era cabecera de “su condado” desde 1368, continuaba siendo “su condado” en 1717, en documentos posteriores que hemos consultado sigue siendo “su condado”… aunque muchos argumenten razones más que peregrinas, queda claro documentalmente que en esta tierras sólo hubo un condado: el de Niebla.

            Continúa el documento:

En este cabildo se presentó una petición por el licenciado Martínez Bravo administrador del / Hospital de Nuestra Señora de los Ángeles desta villa, pidiendo lisencia para / labrar un horno de cal en el sitio de Peña Seca, para la obra / que tiene dicho hospital que haser. Y leída se consedió la licencia / sin perjuicio en la forma ordenada, por una vez, pagando / los interés que tocan a su excelencia y alcalde desta villa // (7vº) y asimismo por dicho eclesiástico se pidió lisencia para cortar / la madera nesesaria para un rodesno[1] para el molino que / tiene que llaman de San Martín; que visto por sus mercedes [dicho] cabildo, consedieron dicha lisencia en la forma ordinaria, auién- / dose de cortar en los baldíos parte de la sierra, campo / El Labradillo y que la corta a de ser en árbol ynfrutífero y / machial[2] auiéndolo; y en esta forma y no en otra se con- / sediere dicha lisencia. /  

A.M.N leg. 9 fol 7.


Podemos inferir que en este año el Hospital se encontraba realizando obras de reforma o mejoras, que incluían el encalado de las paredes, hecho dóblemente lógico en una institución sanitaria, por los atributos antisépticos y la imagen de limpieza que en el siglo XVIII se atribuía a la cal. Igualmente queremos destacar que, por otras licencias concedidas en documentos de nuestro archivo, Niebla y sus tierras ricas en calcarenitas era un lugar muy solicitado para este tipo de materiales.

También nos ha llamado la atención la propiedad de un molino de ribera que tenía el mencionado Hospital de Nuestra Señora de los Ángeles, concretamente el molino de San Martín, que actualmente conserva parte de su estructura muraria en la orilla izquierda del río Tinto, aguas abajo de Niebla, a un kilómetro escaso de la población. Forma parte de los molinos harineros que plagaban las orillas del Tinto, para el término de Niebla actual se conservan restos de siete de ellos: del Cuervo, Helechoso, del Puente, dela Puerta del Buey, San Martín, de Loza, Angorilla y la Higuera. Como su propio nombre indica eran molinos destinados a tratar los cereales para fabricar harina, en el caso del Hospital inferimos que sería para consumo propio, aunque tampoco se puede descartar una comercialización del excedente.




Otro dato que no deja de sorprendernos es el interés que el cabildo tiene por proteger sus frutales, indicando exprofeso que la madera que extraigan de la corta debe ser de un árbol silvestre, evidentemente en estos años en los que la economía municipal se encontraba en horas bajas, como lo demuestran las actas capitulares, cualquier daño a las propiedades públicas se intentaba evitar a toda costa.


PELAYO CASTILLO PALACIOS y ANTONIO BONILLA GILES



[1] RAE: rodezno.
Del lat. *roticĭnus, de rota 'rueda'.
1. m. Rueda hidráulica con paletas curvas y eje vertical.
2. m. Rueda dentada que engrana con la que está unida a la muela de la tahona.

[2] En desuso, se refiere a perteneciente a montaña, monte o silvestre.